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Las crónicas del vino mexicano

Hablar de vino es hablar de historia. El vino es la bebida alcohólica más antigua de la que se tiene un registro, hay excavaciones que datan de hace 5,000 años donde se encontraron vasijas, cuencos, semillas y restos de fermentación en Arení, Armenia.


Sala de barricas en Viñedo Cuna de Tierra. Dolores Hidalgo, Guanajuato.

Para entender el mundo del vino, hay que darle una hojeada a los libros de historia.

México tiene la peculiaridad de ser la puerta de entrada de los colonizadores hacia América, así mismo fue la entrada de la uva europea. La vitis vinífera tuvo una triunfal entrada al continente americano en 1493 en el segundo viaje de Colón, es a partir de aquí que la vid empezó su peregrinación en búsqueda de tierras fértiles que le permitieran enraizar. Después en 1524, Cortés fomenta la viticultura en la Nueva España decretando que cada esclavo debía plantar 10 sarmientos de vid. Considerando al vino como una de las herramientas de evangelización, para 1554 la Nueva España era no sólo una mina de oro sino una de las vinícolas más grandes de América, con una producción de 70,000 hectolitros anuales. En esos años los misioneros franciscanos llegan a un valle en el actual Coahuila, bautizando al lugar como Santa María de la Parras, debido a la cantidad de vides rupestres que había de manera silvestre, ¿te parece conocido el nombre?


Pese a que el territorio nacional se encuentra fuera de la franja del vino, es bien sabido que tenemos una biodiversidad envidiable para muchas otras naciones, lo que nos permite hacernos de esos microclimas que tanto le gustan a la vid para crecer.


Pero un momento, ¿Por qué si México fue el primer país en recibir la vid no tiene el mismo auge que países como Argentina, Chile o Estados Unidos? Aparte del hecho geográfico que nos deja “fuera” del clima perfecto para la vid; la industria vinícola mexicana tiene cinco puntos de inflexión muy marcados en su historia y los cinco mermaron casi por completo la producción. El primero fue muy reciente a la Conquista; Felipe II en 1595 presionado por los productores españoles prohíbe la producción de vino en la Nueva España y manda devastar cada viñedo que se tenga en el territorio. Curiosamente, dos años después Lorenzo García le pide a manera de donación las tierras de Santa María de las Parras a Felipe II y funda en 1597 Bodegas San Lorenzo, hoy Casa Madero; siendo así el viñedo más antiguo de América.


El segundo declive llega con la Guerra de Independencia en 1810, obligando a los campesinos a abandonar los campos y unirse al movimiento. Cabe mencionar que era el mismo Miguel Hidalgo uno de los promotores más activos de la vid, contando con un viñedo en el actual Dolores Hidalgo, Guanajuato.


El tercer punto negro en la historia data de 1900 con la llegada de la temida filoxera.


El cuarto momento oscuro del vino mexicano, ya lo han de suponer, llegó con la Revolución Mexicana volviendo a dejar los campos sin gente para trabajarlos y convirtiendo a los cultivos de vid en algo más lucrativo, como el algodón en esos tiempos.

El quinto y último eclipse para la industria vinícola llegó en 1993 con la devaluación de la moneda; misma que obligó a Bodegas como Martell y Freixenet a abandonar el territorio mexicano.


Desde entonces la industria vitivinícola mexicana ha venido de poco, pasamos de vender vino a granel a tener vinos con más de 85 puntos en Decanter; tema del que hablaremos luego. El vino mexicano va en pañales a comparación de otros países latinos que ya han impresionado en competencias a grandes bastiones como España y Francia.


Vamos tomando fuerza y cada vez se suman más manos que quieren hacer brillar a la industria. Sin más, estamos en el mejor momento para promover lo hecho en casa y tomar una buena copa de vino mexicano.


Bon Vivant!

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